jueves, 17 de octubre de 2013

IMAGINA 2 CARLOS (2º PARTE)

Quedaban dos días para el viaje y me puse a hacer la maleta. Llevaba ropa de verano, pues haría muchísimo calor. Puse la maleta encima de la cama y la abría. Soplé y empezó a salir humo, tanto, que la maleta pasó de gris a rosa fosforescente. Tosí y tosí, había tragado polvo, ¡qué asco! “Tendré ácaros en el estómago”- pensé. Seguí colocando la maleta. Faldas veraniegas, sandalias, bañador (pues íbamos a ir al Aquopolis), vestidos…

De repente, sonó el teléfono.

*conversación telefónica*

- _____ ¿Eres tú?- dijo Lydia a la otra línea del teléfono.

- Sí, hija sí, soy yo. ¿Acaso no reconoces mi voz?

- Sí, pero como tienes una voz muy rara… Bueno, al grano. ¿Vienes a mi casa a ayudarme a elegir la ropa para llevar?

- Claro, yo te la elijo...- dije con segundas.

- Pero me ayudas, para bien. –ríe.

- Claro- colgué.


*Narrado por Lydia*

Llamé a _____ para que me ayudara a elegir la ropa. Con el gusto que tengo y el de ella, formamos un buen equipo de moda. Me respondió con segundas intenciones, pero sé que ayudará. A ver si tengo un modelito para conquistar a Carlos. Yo sé que a ella le gusta Marcos, aunque no lo quiera reconocer. Sé cómo le mira y como se le va la mirada, pero no tartamudea como yo. Para mí, es un completo idiota, pero bueno, si a ella le gusta… yo lo respeto.





*Narrado por ____”

Terminé de ordenar mi maleta y me dirigía a casa de Lydia. Con mis cascos, escuchando la radio de “Los 40 Principales” me fui. Como no había gente en la calle, me puse a bailar. Parecía idiota, pero estaba motivada. Iba feliz, nadie me veía. De repente apareció Carlos. Yo iba bailando, pero me paré en seco. Se acercó a mí y me dijo:

-¿Qué estás, bailando?- dijo riéndose. 

- Emmm… -pensé- puede-reí.

- Aaa… que crees. Ya no sabes ni lo que haces, se te va la cabeza. – dijo tocándosela.

Eso me hizo reír. Una de las cosas que caracterizaba a Carlos era el humor. Siempre te hacía reír.

-Oye, que te iba a decir…-pensó- ¿tienes una hoja de las de la excursión?

Esa pregunta me hizo pensar. Puse una cara pícara.

-Yo no, pero Lydia sí. Ahora voy a su casa -señalé a la nada- ¿Quieres venir conmigo?

- Claro, pero es-espero que no, no tartamudee. –se burló.

Empecé a reír, me hizo muchísima gracia. Le señalé hacia el lado derecho en señal de que camináramos, y cedió. Todo el camino estuvimos hablando sobre las vacaciones, sobre que íbamos a hacer, a dónde íbamos a ir… Caminando y caminando, fuimos charlando y nos conocimos mucho, claro, la casa de Lydia estaba lejos y se tardaba en llegar. Paso tras paso nos íbamos riendo, no parábamos, Carlos era muy divertido y yo también.

¡Al fin llegamos! Qué agotamiento, por favor.

-Carlos, quédate ahí- dije señalándole un arbusto- Quiero ver la cara de Lydia.

- ¿Qué?- replicó- ¿Por qué? – dijo confundido.

-
 Es una larga historia- le llevé hasta el arbusto.- Tú, espera aquí. 


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