miércoles, 4 de septiembre de 2013

IMAGINA DAVID (3ª PARTE)

“¿Qué eso?” dijiste cogiendo el papel. Te quedaste con los ojos como platos. Era un concierto benéfico del pueblo para recaudar fondos para abrir una escuela de música en el pueblo. “Lo siento David, no puedo.” Dijiste entregándole el papel. “¿Por qué? Cantas genial” Le cogiste de la mano y le llevaste hasta la cama. Os sentasteis en la cama y, volviéndole a coger la mano, dijiste: “Tengo pánico escénico”
El se quedó callado. Tras esbozar una sonrisa, añadió: “¿Pero como una chica tan bonita como tu tiene pánico escénico?” Le miraste a los ojos. Te dibujó una sonrisa, te había llamado bonita. “Soy muy tímida desde pequeña. Nunca he tenido amigos. Además tuve una mala experiencia”. “¿Cuál”. “Cuando tenía 8 años quise cantar delante de toda la clase, y cuando empecé a cantar me caí y todos se rieron de mí.”. “Pues lo siento. Pero no te vas a quedar de brazos cruzados. Vas a cantar ahí sí o sí, y yo te voy a ayudar”. “Pero David….”. “Sin peros” interrumpió. “Vas a cantar y no se hable más” Dicho esto, se marchó y tú te quedaste en la cama pensando.



(…)



Te tumbaste en la cama y te pusiste a pensar. Tras recordar viejos recuerdos, te vino una imagen de tu amiga que te dijo: “Nunca te rindas, lucha por tus sueños”. Ese recuerdo te hizo sonreír. Elena era muy especial para ti, fue tu mejor amiga, hasta que un día se fue sin decir nada.
Dicho esto, te dormiste.



(…)




Al día siguiente, tras desayunar, le preguntaste a tu abuela donde vivía David. Tras mirarte con una mirada pícara mientras fregaba los platos, te lo dijo. Subiste a tu habitación, cogiste la guitarra y unas partituras y te dirigiste a casa de David. Buscando y buscando, encontraste la casa. Estaba abierta, así que entraste.  Le viste a lo lejos y gritaste su nombre. Giró la cara y, tras dejar a las ovejas, vino corriendo. “¿Qué haces aquí?”. “Que pasa, ¿no te alegras de verme?”, dijiste dejando la guitarra. “Voy a participar en el concierto”. Se quedó perplejo. “¡¿Enserio?!” dijo poniéndose las manos en la cabeza. “¿Te creías que me iba a rendir tan fácilmente?” dijiste poniéndote las manos en las caderas.
Él sonrió. Fue a coger su guitarra y tú te sentaste en un banco de aquel jardín. Vino y se sentó contigo. Empezó a rasgar las cuerdas y a cantar. Tú le acompañaste, era para calentar la voz. Moviste la pierna  y se te cayeron las partituras. Te ayudó a recogerlo y se quedó mirando una partitura. “¿Y esto?” preguntó. Cogiste el papel y lo miraste. “Es una partitura. This is me, de Demi Lovato. Me encanta” Puso la partitura delante de él y empezó a cantar. Esta vez, el no cantaba, te tocaba a ti. Sacaste fuerzas y cantaste. Quedó genial. “Oye, puedes cantar esta en el concierto”. Alzaste la cabeza y le miraste. “Sí, es buena idea” dijiste.




(…)




Tras varias semanas ensayando, por fin llegó el día. Era de noche, a las 10. Estaba oscuro, pero estaban las luces del escenario. Estabas muy nerviosa, te temblaba todo. Dijeron tu nombre y entraste al escenario. Todo el mundo empezó a aplaudir, pero tú por vergüenza agachaste la cabeza. Colocaste el micrófono y miraste a David que estaba detrás del escenario. Empezó la música y miraste a todo el público. De repente vistea muchísima gente y de los nervios, te desmayaste.




(…)




Te despertaste a los pocos minutos. Estabas en el interior del escenario. Te morías de vergüenza, te tapabas la cara. “¿Cómo he podido desmayarme?” dijiste tapándote los ojos. David te miró y dijo: “Esto lo arreglo yo”. Cogió la guitarra y salió al escenario. Todo el mundo aplaudía. Tú te levantaste y te pusiste a mirar detrás del escenario. Empezó a tocar {Esta canción https://www.youtube.com/watch?v=PflsszfeKgU} Conocías aquella canción, la habíais cantado. Aquella canción te recordaba a vosotros. Cuando llegó al estribillo cogiste un micrófono y saliste a cantar. Todo el mundo empezó a aplaudir. Te sentías muy cómoda con él. Ni te fijaste en el público, solo te importaba cantar. Cuando acabó la canción os mirasteis a los ojos. Os lo decíais todo. Sin dudarlos ni un segundo, os acercasteis y os besasteis.  Tú le rodeaste con tus brazos el cuello y él, con las suyas, la cintura. Todo el mundo empezó a aplaudir y a silbar, pero os daba igual, solo erais vosotros y el universo.



-FIN-


domingo, 1 de septiembre de 2013

IMAGINA DAVID (2ª PARTE)

Cogió la guitarra  y la puso encima de sus piernas. Colocó los dedos y empezó a rasgar las cuerdas. Aquella canción te sonaba, era “Rolling in the deep” de Adele. Empezó a cantarla y a los pocos segundos empezaste a cantar tú también. Nunca habías cantado con alguien, y menos a un desconocido. “¿Cómo estaría ocurriendo?” pensaste. Vuestras voces se adherían muy bien, quedaba genial. Cuando acabó, sonreísteis y mirándoos a los ojos sonó: “______ ¡A comer!” En ese momento te levantaste  y él te dio la guitarra. “Adiós” dijo marchándose.


En la comida estabas pensando todo el rato. “¿Cómo he podido cantar?” pensaste. “Si yo nunca canto con nadie”. Mirando hacia la mesa dijiste en voz alta “Es imposible”. Todos se giraron para verte y dijo tu madre: “¿Qué es imposible ______?” Alzando la cabeza y mirándola fijamente dijiste: “Nada, mamá, cosas mías” y sonreíste. Aunque todos te miraron con cara rara, tú seguiste a lo tuyo. Tras terminar de comer te subiste a la terraza de tu habitación y cogiste tu diario. Sentada mirando aquellas praderas escribiste en tu diario:



Querido diario, hoy he conocido a un chico muy majo. Sólo sé su nombre, no sé donde vive, ni de dónde es. Sabe cantar y tocar la guitarra. Le dejé la mía y empezó a cantar. No sé cómo, pero al final, he acabado cantando yo también. (…)



Alzaste la mirada y te quedaste observando las ovejas. Entre el rebaño había una persona, pero no la veías bien, estaba muy lejos. Cogiste unos prismáticos de tu mesilla. Sí, ¿qué hacían unos prismáticos allí? Pues era porque siempre observabas los pájaros desde el jardín. Había especies muy raras, y te gustaba observarlas. Pusiste tus ojos en las lentes y miraste a través de ellas. Dirigiste la vista hacia el rebaño. “¿David?” dijiste para ti misma. De repente alzó la cabeza y te vio. Era como si te hubiera leído la mente. A lo lejos se le vio alzando la manó y moviéndola de un lado a otro en señal de saludo. Tú también lo hiciste a la vez que sonreías.



(…)



Era por la mañana, hacía un sol genial pera ir a la playa. Lo malo era que estabas en el centro de la península y ahí, playa, poca. Hiciste tu cuarto y bajaste a desayunar. Saludaste a cada uno y les diste un beso. No sabías por qué, pero estabas de buen humor. Tomaste un Cola-cao con unas galletas y te fuiste a escuchar música a tu habitación. Como no había nadie, te pudiste a bailar. De repente la puerta se abrió de golpe y entró David. Señalándote una pancarta te dijo: “Mira esto, es genial”