domingo, 1 de septiembre de 2013

IMAGINA DAVID (2ª PARTE)

Cogió la guitarra  y la puso encima de sus piernas. Colocó los dedos y empezó a rasgar las cuerdas. Aquella canción te sonaba, era “Rolling in the deep” de Adele. Empezó a cantarla y a los pocos segundos empezaste a cantar tú también. Nunca habías cantado con alguien, y menos a un desconocido. “¿Cómo estaría ocurriendo?” pensaste. Vuestras voces se adherían muy bien, quedaba genial. Cuando acabó, sonreísteis y mirándoos a los ojos sonó: “______ ¡A comer!” En ese momento te levantaste  y él te dio la guitarra. “Adiós” dijo marchándose.


En la comida estabas pensando todo el rato. “¿Cómo he podido cantar?” pensaste. “Si yo nunca canto con nadie”. Mirando hacia la mesa dijiste en voz alta “Es imposible”. Todos se giraron para verte y dijo tu madre: “¿Qué es imposible ______?” Alzando la cabeza y mirándola fijamente dijiste: “Nada, mamá, cosas mías” y sonreíste. Aunque todos te miraron con cara rara, tú seguiste a lo tuyo. Tras terminar de comer te subiste a la terraza de tu habitación y cogiste tu diario. Sentada mirando aquellas praderas escribiste en tu diario:



Querido diario, hoy he conocido a un chico muy majo. Sólo sé su nombre, no sé donde vive, ni de dónde es. Sabe cantar y tocar la guitarra. Le dejé la mía y empezó a cantar. No sé cómo, pero al final, he acabado cantando yo también. (…)



Alzaste la mirada y te quedaste observando las ovejas. Entre el rebaño había una persona, pero no la veías bien, estaba muy lejos. Cogiste unos prismáticos de tu mesilla. Sí, ¿qué hacían unos prismáticos allí? Pues era porque siempre observabas los pájaros desde el jardín. Había especies muy raras, y te gustaba observarlas. Pusiste tus ojos en las lentes y miraste a través de ellas. Dirigiste la vista hacia el rebaño. “¿David?” dijiste para ti misma. De repente alzó la cabeza y te vio. Era como si te hubiera leído la mente. A lo lejos se le vio alzando la manó y moviéndola de un lado a otro en señal de saludo. Tú también lo hiciste a la vez que sonreías.



(…)



Era por la mañana, hacía un sol genial pera ir a la playa. Lo malo era que estabas en el centro de la península y ahí, playa, poca. Hiciste tu cuarto y bajaste a desayunar. Saludaste a cada uno y les diste un beso. No sabías por qué, pero estabas de buen humor. Tomaste un Cola-cao con unas galletas y te fuiste a escuchar música a tu habitación. Como no había nadie, te pudiste a bailar. De repente la puerta se abrió de golpe y entró David. Señalándote una pancarta te dijo: “Mira esto, es genial”


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