jueves, 29 de agosto de 2013

IMAGINA DAVID (1ª PARTE)

Estabas en casa de tus abuelos. En esa casa ibas todos los veranos, desde tu infancia. Estaba en un pueblo muy pequeño. Tenías recuerdos muy bonitos, sobre todo cuando de pequeña tu abuela se sentaba en una mecedora y te ponía sentada en sus piernas mientras te leía cuentos de Disney y te quedabas dormida abrazada a ella. Te encantabas los cuentos de princesas, siempre te habría gustado ser una. Aquello de un príncipe azul, tú con una corona, vestido blanco… te encantaba. Tu boda querías que fuese así.


Aquel verano iba a ser como los otros, o eso tu pensabas. Te encantaba cantar, pero nunca habías cantado en público, es decir, delante de gente desconocida. Sólo cantabas en casa frente a tus familiares más cercanos. A tu abuela le encantaba tu voz, decía que era muy dulce, como tú. Siempre por tardes sacabas tu guitarra y te ponías a cantar en el jardín, cuando nadie podía escucharte. Siempre cantabas la misma canción, “Impossible” de James Arthur. Te encantaba. Después de calentar con aquella canción, te gustaba componer. Eran canciones dulces y enamoradizas, a la que a tu abuela, le encantaban. Te gustaba tanto cantar, que no dormías abrazada a la guitarra por si se rompía.



(…)




Volviendo de casa de una vecina, decidiste irte a tu habitación. Te pusiste en la terraza que había en tu cuarto y miraste hacia los campos que había en frente tuyo. Eran campos inmensos, verdes, y con vacas, caballos, ovejas… Sentada, sacaste tu diario y empezaste a escribir lo que te había pasado hoy. No era nada en especial, pero de mayor ese diario te traería recuerdos. Todo aquello que habías pasado, desde momentos buenos, hasta los malos.


Cuando terminaste de escribir, bajaste a tocar un poco la guitarra. Fuiste hasta el jardín y te sentaste en una silla. Colocaste los dedos y empezaste a tocar “Impossible”. Cuando llegaste al estribillo se oyó: “Que bien cantas” dijo un chico apoyado en la puerta de la casa. Te llevaste un susto. Giraste la cabeza rápidamente y te levantaste. Le miraste de arriba abajo, pero no sabías quien era. “¿Quién eres?” Le dijiste.  “Perdón por interrumpirte, pero te estaba oyendo desde la cocina, y me encantó tu voz. Soy David” Dijo estirando la mano. “No pasa nada, pero me has pegado un susto. Yo soy ______, encantada.” Le respondiste estrechándole la mano. “¿Me puedo sentar aquí?" Dijo. “Claro, tú mismo”. Se sentó y te miró. “¿Sabes tocar la guitarra?” Le preguntaste. “Claro, me encanta”. “¿Me puedes tocar alguna?” le dijiste entregándosela. “Claro” respondió cogiéndotela.


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