Te levantas, te vistes y te vas a coger el autobús
para que te lleve al instituto. Hoy es el último día, aunque vas medio dormida.
De repente una mano te toca en la espalda. Es Olivia, tu mejor amiga. “Mira Dani, te está mirando” En ese
momento giras la cabeza y le ves hablando junto a sus amigos. Piensas en sus
ojos, esos ojos azules que hipnotizan a cualquier chica. “Sí claro, se va a fijar en alguien como yo” dijiste y
bajaste la cabeza. De repente, el autobús se paró en seco y te caíste al suelo.
Todo el mundo se reía, excepto Olivia que te extendió la mano te dijo: “Esto te pasa por no agarrarte a la barra”.
Llegamos a clase como un día normal. Todo el rato estuviste con Olivia,
hablando sobre los planes de verano, pero se tuvo que ir antes de clase porque
tenía que ir al médico. Tocó el timbre y te fuiste directamente a la taquilla
para coger tus libros e irte a casa. Al abrirlo, cayó una carta. Te agachaste a
recogerla y la miraste con cara extraña. Aún mirando la carta, que no tenía
remitente, cogiste tus libros y te dirigiste hacia casa. “¿De quién sería aquella carta?” te preguntaste para ti misma.
Mirando la carta todo el camino, y sin abrirla, llegaste a tu casa y subiste a
la habitación sin decir nada. Dejaste la mochila en el suelo y te tumbaste en
la cama a leer la carta.
“No
paro de pensar en ti. Esa sonrisa tan dulce, me emboba. Si quieres saber quién
soy, ven hoy a la playa a las 10, te esperaré.”
Anónimo
Intrigada y pensativa te quedaste mirando al techo.
Miraste el reloj y te diste cuenta de que era hora de comer. Luego fuiste a tu
habitación y con música relajante, te quedaste dormida.
(…)
Te despertaste de repente y te diste cuenta de que
eran las 9. ¿Cómo he podido dormir tanto?
Pensaste para ti misma. Te arreglaste corriendo, casi, a la velocidad de la
luz. Te deslizaste por la ventana como las películas y te fuiste corriendo a la
playa. Viste a lo lejos una figura, pero no te imaginabas quien era. Te fuiste
acercando y de repente: “¿Dani?” dijiste.
Se giro y te vió, esos ojos azules te hipnotizaban, no sabías que hacer. Se
acerco a ti y te dijo: “Siento no haberte
dicho nada, pero no podía aguantarlo más, cada vez que te veo, me paralizo. Esa
sonrisa me transporta u otro lugar. Te quiero”. Le miraste con cara
extrañada. “No digas nada, ponte este
pañuelo y verás” dijo entregándote el pañuelo. Te pusiste el pañuelo, te
cogió de la mano y te fue guiando. Notabas como tus pies rozaban el mar y
seguidamente llegaste a un lugar. Te quitaste la venda y viste un lugar mágico.
Un rincón oscuro pero lleno de velas que lo iluminaban. Había una toalla y una
cesta de picnic. Te llevó hasta la toalla y te sentaste. Allí sacó dos helados,
uno de chocolate y otro de fresa. El de fresa para mí y el de chocolate para
él. Te quedaste mirando sus ojos y el los tuyos y soltaste de repente… “Te quiero” Al oír eso, el sonrió. Tenía
chocolate en el labio y tú cogiste el pañuelo y se lo limpiaste. Aunque al
principio se te quedó mirando con cara extraña, luego accedió y sonrió. Te
diste cuenta de la hora que era y te levantaste, de repente, notaste que
alguien te agarraba y te alzó cogiéndote en brazos. Se fue corriendo hacia el
agua y se adentró “¡Dani suéltame!”
dijiste. “Cómo quieras” y te soltó en
el agua. Te sumergiste y casi no podías nadar, no sabías. “¡Socorro Dani, me ahogo!”Dijiste dando palmadas en señal de que te
ahogabas. Te sumergiste debajo del agua y allí notaste en tus labios una presión.
“¿Me está besando?” pensaste. Al ver
que vuestras lenguas se entrelazaban, accediste y salisteis del agua empapados,
besándoos y enamorados.
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