Estabas en
la entrada de las audiciones, querías presentarte para la obra del colegio,
Blancanieves. Mientras esperabas en la cola leías el texto que tenías que
decir, por si se te olvidaba. Lo habías leído tantas veces que ya casi era como
rezar. Tus piernas temblaban. Mirabas a tu alrededor y veías a muchísimas
chicas. “Es imposible que me toque”, pensaste.
Todas parecían muy capacitadas, te daba miedo, pero no te dabas por vencida.
Aquel papel sería tuyo. Tras una larga espera y haberte leído y releído el
texto unas cuantas veces, te tocó. Suspiraste y tus pies fueron hacia delante.
Dejaste tu bandolera en el suelo y te dirigiste hacia el centro del escenario.
Allí te presentaste y dijiste tu frase. Tras acabar te despediste, pero cuando
te dirigiste hacia la puerta, se oyó una voz:
“¿Nos podrías representar este texto?”. Giraste la cabeza y fuiste hacia
donde estaba el juez y cogiste el texto. Lo representaste y, al ver sus caras,
te alegraste. Parecían maravillados, encantados… no tenías palabras para
describirlo. Con una sonrisa te marchaste hacia casa.
(…)
Al día
siguiente, mientras hacías los deberes, te sonó el móvil. Lo cogiste y sonó una
voz: “Enhorabuena ______, has sido
elegida para representar nuestra obra. Tienes que estar aquí mañana a las
16:00h” En ese momento se te iluminó la vista. “Gracias” respondiste con un hilo de voz. Tras colgar empezaste a
saltar por encima de la cama. No te lo podías creer.
Al día
siguiente estabas plantada allí como un clavo. Tanto, que estuviste allí desde
las 15:00h. Sólo esperando, porque no te habían dado el texto. Parecías tonta,
estabas allí sola, pero te daba igual. De repente, llegó una de las chicas del
jurado. Se paró en seco mirándote, “¿De
la obra?” dijo y asentiste con la cabeza. “Lo sé yo he pasado por eso, pasa” dijo abriendo la puerta.
Entraste junto a ella y te llevó hasta el salón de actos. Poco a poco fue
llegando la gente, hasta que ya estuvisteis todos. Os subieron encima del
escenario. Os asignaron a cada uno vuestro papel. A ti te tocó de Blancanieves y
a un chico alto y moreno de pelo, el de príncipe. Os acercasteis el uno al otro
y os estrechasteis la mano. “Encantada/o”
dijisteis a la vez.
(…)
Tras un día
practicando, llegó la hora de irse a casa. Cogiste tu mochila y guardaste el
texto. De repente, una mano tocó tu espalda. Te giraste y dijiste: “Álvaro, ¿qué deseas?” Con una amplia
sonrisa te dijo: “¿Te parece si quedamos
para prepararnos mejor? Como salimos juntos en varias secuencias”. “De acuerdo” dijiste con una sonrisa.
Sigueeee*.*
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