jueves, 17 de octubre de 2013

IMAGINA 2 CARLOS (2º PARTE)

Quedaban dos días para el viaje y me puse a hacer la maleta. Llevaba ropa de verano, pues haría muchísimo calor. Puse la maleta encima de la cama y la abría. Soplé y empezó a salir humo, tanto, que la maleta pasó de gris a rosa fosforescente. Tosí y tosí, había tragado polvo, ¡qué asco! “Tendré ácaros en el estómago”- pensé. Seguí colocando la maleta. Faldas veraniegas, sandalias, bañador (pues íbamos a ir al Aquopolis), vestidos…

De repente, sonó el teléfono.

*conversación telefónica*

- _____ ¿Eres tú?- dijo Lydia a la otra línea del teléfono.

- Sí, hija sí, soy yo. ¿Acaso no reconoces mi voz?

- Sí, pero como tienes una voz muy rara… Bueno, al grano. ¿Vienes a mi casa a ayudarme a elegir la ropa para llevar?

- Claro, yo te la elijo...- dije con segundas.

- Pero me ayudas, para bien. –ríe.

- Claro- colgué.


*Narrado por Lydia*

Llamé a _____ para que me ayudara a elegir la ropa. Con el gusto que tengo y el de ella, formamos un buen equipo de moda. Me respondió con segundas intenciones, pero sé que ayudará. A ver si tengo un modelito para conquistar a Carlos. Yo sé que a ella le gusta Marcos, aunque no lo quiera reconocer. Sé cómo le mira y como se le va la mirada, pero no tartamudea como yo. Para mí, es un completo idiota, pero bueno, si a ella le gusta… yo lo respeto.





*Narrado por ____”

Terminé de ordenar mi maleta y me dirigía a casa de Lydia. Con mis cascos, escuchando la radio de “Los 40 Principales” me fui. Como no había gente en la calle, me puse a bailar. Parecía idiota, pero estaba motivada. Iba feliz, nadie me veía. De repente apareció Carlos. Yo iba bailando, pero me paré en seco. Se acercó a mí y me dijo:

-¿Qué estás, bailando?- dijo riéndose. 

- Emmm… -pensé- puede-reí.

- Aaa… que crees. Ya no sabes ni lo que haces, se te va la cabeza. – dijo tocándosela.

Eso me hizo reír. Una de las cosas que caracterizaba a Carlos era el humor. Siempre te hacía reír.

-Oye, que te iba a decir…-pensó- ¿tienes una hoja de las de la excursión?

Esa pregunta me hizo pensar. Puse una cara pícara.

-Yo no, pero Lydia sí. Ahora voy a su casa -señalé a la nada- ¿Quieres venir conmigo?

- Claro, pero es-espero que no, no tartamudee. –se burló.

Empecé a reír, me hizo muchísima gracia. Le señalé hacia el lado derecho en señal de que camináramos, y cedió. Todo el camino estuvimos hablando sobre las vacaciones, sobre que íbamos a hacer, a dónde íbamos a ir… Caminando y caminando, fuimos charlando y nos conocimos mucho, claro, la casa de Lydia estaba lejos y se tardaba en llegar. Paso tras paso nos íbamos riendo, no parábamos, Carlos era muy divertido y yo también.

¡Al fin llegamos! Qué agotamiento, por favor.

-Carlos, quédate ahí- dije señalándole un arbusto- Quiero ver la cara de Lydia.

- ¿Qué?- replicó- ¿Por qué? – dijo confundido.

-
 Es una larga historia- le llevé hasta el arbusto.- Tú, espera aquí. 


viernes, 4 de octubre de 2013

IMAGINA 2 CARLOS (1º PARTE)

*Narrado por _____*

¡BIEN! ¡YA HABÍAN LLEGADO LAS VACACIONES DE VERANO! Estabas en la Universidad, había aprobado todas las asignaturas y me quedaba un verano inolvidable por delante. Cogí mi teléfono y Twiteé “Aprobé todas. Me espera un verano inolvidable” Mientras caminaba distraída, una mano tocó mi espalda. Era una mano fría. Me pegó un susto tan grande que se me resbaló el móvil de las manos. Hice unas maniobras que nadie podría imaginar, pero, finalmente, lo cogí. Me llevé el móvil al pecho como si no lo fuera a soltar nunca. Me puse recta y giré la cabeza. Vi a Lydia, tu mejor amiga, una chica morena de pelo, muy buena persona y con un corazón delicado.

-¿Pero tú sabes el susto que me has dado?- le dije poniéndome la mano derecha en el pecho.

- Oye, si tu hubieras llegado a tiempo… -me señaló

- ¿A tiempo? ¿De qué?- dije extrañada.

- ¿No te acuerdas?- Poniéndose las manos en la cintura. – Esto- Me entregó un papel.- Es para unas vacaciones para todos los de clase, a Benidorm, será divertido.

- ¡Hay! ¡Es verdad!- dije cogiendo el papel y observándolo.- Y quién le da el papel a Carlos, ¿tú o yo?-dije girando la boca y levantando una ceja.

Carlos era un chico alto, rubio y con los ojos más o menos verdes. Lydia estaba coladita por sus huesos. Era guapo, gracioso y tenía una voz impresionante.

-¿Quééééé…?- dijo con voz de pito- Emm… yo ¿no?- le temblaba el labio.

Estaba hablando con ella y ví a Carlos pasar por enfrente nuestro.

-Mira- dije cogiéndola del brazo- ahí le tienes díselo.

-____ ¡Noo! ¡Qué vergüenza! –dijo tapándose la cara mientras la cogía del brazo y la llevaba hasta él.

Nos acercamos hacia él y nos pusimos a su lado.

-Hola Carlos, aquí mi amiga Lydia- dijiste señalándola- te quiere decir una cosa.

Él se giró y sonrió. Esa sonrisa que podía embobar a cualquier chica.

-Emmm… yo,yo…quería, quería….

-¿Tar-tartamuedeas?-dijo Carlos esbozando una sonrisa.

Le diste un golpe en la espalda para que reaccionara. Pero salió corriendo.

-¿Qué la pasa?-dijo Carlos preocupado.

-Nada, nada, no te preocupes. Se le pasará. Bueno, lo que quería decirte,-dije enseñándole el papel-, es que el centro quiere hacer unas vacaciones a Benidorm, para despedirnos de estos años, básicamente.

-Uff, suena genial-dijo con fuerza- Claro que voy. No me lo pierdo.

- Ya verás lo contenta que se va a poner Lydia.- dije chocando tus puños.

- ¿Qué?- dijo levantando una ceja.  

- Nada, nada. Cosas mías. Adiós.- escapé para que no me preguntara nada.




(…)

Llegaste donde Lydia, quien se estaba dando golpes con la cabeza a la taquilla.

-Lydia, estúpida, Lydia.-dijo para sí misma mientras se golpeaba- ¿Por qué tuviste que parecer estúpida delante de él?

- Oye, ¿te puedes calmar?- La separé de la pared. ¿Qué haces?- dije levantando las manos.

- ¿Pero no me has visto? Parecía estúpida.

-¿Estúpida?-Puse mi dedo índice en la mejilla y miré hacia el techo- Lo que se dice estúpida…no. Pero tartamuda… sí.- reíste.

-JA.JA.JA. Muy graciosa.- dijo moviendo la cabeza- Si a ti te gustara, me entenderías. Pero como a ti te gusta Marcos…

-¿Marcos? ¿Qué Marcos?- pusiste cara rara.

-Huy, huy, huy…- dijo Lydia levantando las cejas.

- Calla, calla- le diste un golpecito en la espalda.- Vámonos a casa que si no, no llegamos.

Ambas nos reímos y nos fuimos andando. Me puse al lado suyo y le susurré al oído.

-Carlos viene a Benidorm.


Lydia se paró en seco. Teníais que haber visto su cara. La pasé la mano por delante de los ojos, pero nada, no reaccionaba. De repente chilló y pego un salto gigante de alegría. Yo me seguí caminando y solté una carcajada.

(...)

miércoles, 4 de septiembre de 2013

IMAGINA DAVID (3ª PARTE)

“¿Qué eso?” dijiste cogiendo el papel. Te quedaste con los ojos como platos. Era un concierto benéfico del pueblo para recaudar fondos para abrir una escuela de música en el pueblo. “Lo siento David, no puedo.” Dijiste entregándole el papel. “¿Por qué? Cantas genial” Le cogiste de la mano y le llevaste hasta la cama. Os sentasteis en la cama y, volviéndole a coger la mano, dijiste: “Tengo pánico escénico”
El se quedó callado. Tras esbozar una sonrisa, añadió: “¿Pero como una chica tan bonita como tu tiene pánico escénico?” Le miraste a los ojos. Te dibujó una sonrisa, te había llamado bonita. “Soy muy tímida desde pequeña. Nunca he tenido amigos. Además tuve una mala experiencia”. “¿Cuál”. “Cuando tenía 8 años quise cantar delante de toda la clase, y cuando empecé a cantar me caí y todos se rieron de mí.”. “Pues lo siento. Pero no te vas a quedar de brazos cruzados. Vas a cantar ahí sí o sí, y yo te voy a ayudar”. “Pero David….”. “Sin peros” interrumpió. “Vas a cantar y no se hable más” Dicho esto, se marchó y tú te quedaste en la cama pensando.



(…)



Te tumbaste en la cama y te pusiste a pensar. Tras recordar viejos recuerdos, te vino una imagen de tu amiga que te dijo: “Nunca te rindas, lucha por tus sueños”. Ese recuerdo te hizo sonreír. Elena era muy especial para ti, fue tu mejor amiga, hasta que un día se fue sin decir nada.
Dicho esto, te dormiste.



(…)




Al día siguiente, tras desayunar, le preguntaste a tu abuela donde vivía David. Tras mirarte con una mirada pícara mientras fregaba los platos, te lo dijo. Subiste a tu habitación, cogiste la guitarra y unas partituras y te dirigiste a casa de David. Buscando y buscando, encontraste la casa. Estaba abierta, así que entraste.  Le viste a lo lejos y gritaste su nombre. Giró la cara y, tras dejar a las ovejas, vino corriendo. “¿Qué haces aquí?”. “Que pasa, ¿no te alegras de verme?”, dijiste dejando la guitarra. “Voy a participar en el concierto”. Se quedó perplejo. “¡¿Enserio?!” dijo poniéndose las manos en la cabeza. “¿Te creías que me iba a rendir tan fácilmente?” dijiste poniéndote las manos en las caderas.
Él sonrió. Fue a coger su guitarra y tú te sentaste en un banco de aquel jardín. Vino y se sentó contigo. Empezó a rasgar las cuerdas y a cantar. Tú le acompañaste, era para calentar la voz. Moviste la pierna  y se te cayeron las partituras. Te ayudó a recogerlo y se quedó mirando una partitura. “¿Y esto?” preguntó. Cogiste el papel y lo miraste. “Es una partitura. This is me, de Demi Lovato. Me encanta” Puso la partitura delante de él y empezó a cantar. Esta vez, el no cantaba, te tocaba a ti. Sacaste fuerzas y cantaste. Quedó genial. “Oye, puedes cantar esta en el concierto”. Alzaste la cabeza y le miraste. “Sí, es buena idea” dijiste.




(…)




Tras varias semanas ensayando, por fin llegó el día. Era de noche, a las 10. Estaba oscuro, pero estaban las luces del escenario. Estabas muy nerviosa, te temblaba todo. Dijeron tu nombre y entraste al escenario. Todo el mundo empezó a aplaudir, pero tú por vergüenza agachaste la cabeza. Colocaste el micrófono y miraste a David que estaba detrás del escenario. Empezó la música y miraste a todo el público. De repente vistea muchísima gente y de los nervios, te desmayaste.




(…)




Te despertaste a los pocos minutos. Estabas en el interior del escenario. Te morías de vergüenza, te tapabas la cara. “¿Cómo he podido desmayarme?” dijiste tapándote los ojos. David te miró y dijo: “Esto lo arreglo yo”. Cogió la guitarra y salió al escenario. Todo el mundo aplaudía. Tú te levantaste y te pusiste a mirar detrás del escenario. Empezó a tocar {Esta canción https://www.youtube.com/watch?v=PflsszfeKgU} Conocías aquella canción, la habíais cantado. Aquella canción te recordaba a vosotros. Cuando llegó al estribillo cogiste un micrófono y saliste a cantar. Todo el mundo empezó a aplaudir. Te sentías muy cómoda con él. Ni te fijaste en el público, solo te importaba cantar. Cuando acabó la canción os mirasteis a los ojos. Os lo decíais todo. Sin dudarlos ni un segundo, os acercasteis y os besasteis.  Tú le rodeaste con tus brazos el cuello y él, con las suyas, la cintura. Todo el mundo empezó a aplaudir y a silbar, pero os daba igual, solo erais vosotros y el universo.



-FIN-


domingo, 1 de septiembre de 2013

IMAGINA DAVID (2ª PARTE)

Cogió la guitarra  y la puso encima de sus piernas. Colocó los dedos y empezó a rasgar las cuerdas. Aquella canción te sonaba, era “Rolling in the deep” de Adele. Empezó a cantarla y a los pocos segundos empezaste a cantar tú también. Nunca habías cantado con alguien, y menos a un desconocido. “¿Cómo estaría ocurriendo?” pensaste. Vuestras voces se adherían muy bien, quedaba genial. Cuando acabó, sonreísteis y mirándoos a los ojos sonó: “______ ¡A comer!” En ese momento te levantaste  y él te dio la guitarra. “Adiós” dijo marchándose.


En la comida estabas pensando todo el rato. “¿Cómo he podido cantar?” pensaste. “Si yo nunca canto con nadie”. Mirando hacia la mesa dijiste en voz alta “Es imposible”. Todos se giraron para verte y dijo tu madre: “¿Qué es imposible ______?” Alzando la cabeza y mirándola fijamente dijiste: “Nada, mamá, cosas mías” y sonreíste. Aunque todos te miraron con cara rara, tú seguiste a lo tuyo. Tras terminar de comer te subiste a la terraza de tu habitación y cogiste tu diario. Sentada mirando aquellas praderas escribiste en tu diario:



Querido diario, hoy he conocido a un chico muy majo. Sólo sé su nombre, no sé donde vive, ni de dónde es. Sabe cantar y tocar la guitarra. Le dejé la mía y empezó a cantar. No sé cómo, pero al final, he acabado cantando yo también. (…)



Alzaste la mirada y te quedaste observando las ovejas. Entre el rebaño había una persona, pero no la veías bien, estaba muy lejos. Cogiste unos prismáticos de tu mesilla. Sí, ¿qué hacían unos prismáticos allí? Pues era porque siempre observabas los pájaros desde el jardín. Había especies muy raras, y te gustaba observarlas. Pusiste tus ojos en las lentes y miraste a través de ellas. Dirigiste la vista hacia el rebaño. “¿David?” dijiste para ti misma. De repente alzó la cabeza y te vio. Era como si te hubiera leído la mente. A lo lejos se le vio alzando la manó y moviéndola de un lado a otro en señal de saludo. Tú también lo hiciste a la vez que sonreías.



(…)



Era por la mañana, hacía un sol genial pera ir a la playa. Lo malo era que estabas en el centro de la península y ahí, playa, poca. Hiciste tu cuarto y bajaste a desayunar. Saludaste a cada uno y les diste un beso. No sabías por qué, pero estabas de buen humor. Tomaste un Cola-cao con unas galletas y te fuiste a escuchar música a tu habitación. Como no había nadie, te pudiste a bailar. De repente la puerta se abrió de golpe y entró David. Señalándote una pancarta te dijo: “Mira esto, es genial”


jueves, 29 de agosto de 2013

IMAGINA DAVID (1ª PARTE)

Estabas en casa de tus abuelos. En esa casa ibas todos los veranos, desde tu infancia. Estaba en un pueblo muy pequeño. Tenías recuerdos muy bonitos, sobre todo cuando de pequeña tu abuela se sentaba en una mecedora y te ponía sentada en sus piernas mientras te leía cuentos de Disney y te quedabas dormida abrazada a ella. Te encantabas los cuentos de princesas, siempre te habría gustado ser una. Aquello de un príncipe azul, tú con una corona, vestido blanco… te encantaba. Tu boda querías que fuese así.


Aquel verano iba a ser como los otros, o eso tu pensabas. Te encantaba cantar, pero nunca habías cantado en público, es decir, delante de gente desconocida. Sólo cantabas en casa frente a tus familiares más cercanos. A tu abuela le encantaba tu voz, decía que era muy dulce, como tú. Siempre por tardes sacabas tu guitarra y te ponías a cantar en el jardín, cuando nadie podía escucharte. Siempre cantabas la misma canción, “Impossible” de James Arthur. Te encantaba. Después de calentar con aquella canción, te gustaba componer. Eran canciones dulces y enamoradizas, a la que a tu abuela, le encantaban. Te gustaba tanto cantar, que no dormías abrazada a la guitarra por si se rompía.



(…)




Volviendo de casa de una vecina, decidiste irte a tu habitación. Te pusiste en la terraza que había en tu cuarto y miraste hacia los campos que había en frente tuyo. Eran campos inmensos, verdes, y con vacas, caballos, ovejas… Sentada, sacaste tu diario y empezaste a escribir lo que te había pasado hoy. No era nada en especial, pero de mayor ese diario te traería recuerdos. Todo aquello que habías pasado, desde momentos buenos, hasta los malos.


Cuando terminaste de escribir, bajaste a tocar un poco la guitarra. Fuiste hasta el jardín y te sentaste en una silla. Colocaste los dedos y empezaste a tocar “Impossible”. Cuando llegaste al estribillo se oyó: “Que bien cantas” dijo un chico apoyado en la puerta de la casa. Te llevaste un susto. Giraste la cabeza rápidamente y te levantaste. Le miraste de arriba abajo, pero no sabías quien era. “¿Quién eres?” Le dijiste.  “Perdón por interrumpirte, pero te estaba oyendo desde la cocina, y me encantó tu voz. Soy David” Dijo estirando la mano. “No pasa nada, pero me has pegado un susto. Yo soy ______, encantada.” Le respondiste estrechándole la mano. “¿Me puedo sentar aquí?" Dijo. “Claro, tú mismo”. Se sentó y te miró. “¿Sabes tocar la guitarra?” Le preguntaste. “Claro, me encanta”. “¿Me puedes tocar alguna?” le dijiste entregándosela. “Claro” respondió cogiéndotela.


martes, 27 de agosto de 2013

IMAGINA ÁLVARO (2ª PARTE)

Os despedisteis y os marchasteis cada uno a vuestra casa.  Había sido un día agotador a la vez que divertido e interesante. Habíais estado conociéndoos y ensayando algunas partes. Eras un poco tímida, pero gracias a Álvaro poco a poco se te fueron quitando los nervios. Te dirigiste hacia casa y corriste hacia tu habitación para ensayar el texto. No te costaba nada memorizarlo, te encantaba. Pasaste unas 5h dentro de tu habitación memorizando e interpretando el texto, se te pasó volando. Paraste sólo porque tu madre te avisó para comer, aunque como todas, fuiste cuando te llamó a la 5ª vez.


Una vez terminaste, enviaste un Whatsapp a tu mejor amiga que se había ido a vivir lejos de aquí. Se llamaba Lara, y llevaba contigo desde los 5 años, pero se tuvo que ir al extranjero porque sus padres eran de allí y no tenían aquí trabajo. Te dijo que iba a estar unos días allí para recoger unas cosas que la faltaban. Justo coincidía con  el día de la obra. Le dijiste que viniera y ella asintió. Se te puso una sonrisa en la cara que nadie te la iba a quitar. Ibas a hacer lo que más querías, actuar y te iba a ver tu mejor amiga. Era perfecto. Te despediste y te fuiste a dormir.



(…)



Por la tarde quedaste con Álvaro en su casa. Te costó un poco encontrarla, pero lo conseguiste. Era una casa grande, blanca y muy bonita. Llamaste al timbre y te abrieron. Encogida de hombros te adentraste en la casa. “¿Y si no es esa?” pensaste. Fuiste andando hasta que se oyó: “_______” era Álvaro llamándote por una ventana. Saludaste con la mano y él bajó. Llegó hasta ti y te cogió de la mano y te llevó hasta un jardín. “Deja allí tus cosas  y vente” dijo señalándote un lugar. Lo dejaste y te fuiste donde estaba él. Empezasteis a hacer la escena en la que os conocíais. Tú estabas cantando y él apareció, y al verle, tú saliste corriendo y te escondiste.



Tras una tarde ensayando decidisteis descansar un rato, ese rato que te pusisteis a bailar. Fuiste bailando un vals tu sola, mientras él se reía y tu también. Se levantó para bailar contigo pero en ese momento te tropezaste con una piedra y caíste en sus brazos. Le miraste a los ojos y cuando os estabais a punto de besar… “Álvaro, ¿me ayudas con las bolsas?” dijo apareciendo su madre. Os separasteis rápidamente y dijiste “Es tarde, me tengo que ir” cogiste tus cosas y te fuiste de allí sin mirando a nadie.  Te dirigiste a cas mientras ibas pensando en lo que había ocurrido.



(…)



Tras varias semanas ensayando, tocó el día de la actuación. Con Álvaro fue todo normal, no quisisteis hablar del tema. Tus padres iban a venir, al igual que Lara, a la cual la viste llegar mirando por el telón del escenario. La saludaste y ella también, con una sonrisa.


La obra fue genial, pero todo cambió con la parte final. Estabas tumbada en un ataúd mientras Álvaro decía su frase. Tras la frase, agachó la cabeza y te besó. Pero no fue un beso cualquiera, fue dulce. Le correspondiste y os estabais besando, cuando sonó un tosido de la directora. Parasteis en seco y os sonreísteis. Terminasteis la obra y lo primero que hiciste fue bajar y dar un abrazo a Lara. “Has estado genial, y lo del beso…..” dijo dándote un codazo “Ha estado genial”. Tú sonreíste y dijiste: “Muchas gracias, no me creo que estés aquí” dijiste abrazándola fuerte. Viste a Álvaro detrás de Lara y, después de abrazarla, te fuiste hacia donde él. Te cogió de la mano y te llevó hasta un jardín detrás de la escuela. Era de noche y estaban las luces encendidas.


“Que sitio más bonito” dijiste mirando a tu alrededor. “______ voy a serte sincero, me gustas, aquel beso, fue especial para los dos” Con esa frase sonreíste y asentiste “Me gustaría saber si…. quieres ser mi novia” Tras esa frase te abalanzaste sobre él, caísteis en  la hierba y tumbada encima de él, le besaste.



-FIN-


lunes, 26 de agosto de 2013

AVISO

Gracia por leer mis #Imagina con los chicos. Se que te gustan, jajaja. No enserio, os agradezco muchísimo que los estés leyendo. Soy un poco tímida y no sabía si os iban a gustar. Subiré un #Imagina cada día, porque tengo que avisar a tanta gente que me faltan dedos, mensajes y sobretodo, caracteres, que es lo peor de Twitter. 

Lo único que os pido es que os subscribáis y dejéis vuestros comentarios abajo. Gracias, repito otra vez, por leerlo y espero os metáis en esa historia que estoy escribiendo. DISFRÚTALO.




 
                                                                                                   -ELIA-

IMAGINA ÁLVARO (1ª PARTE)

Estabas en la entrada de las audiciones, querías presentarte para la obra del colegio, Blancanieves. Mientras esperabas en la cola leías el texto que tenías que decir, por si se te olvidaba. Lo habías leído tantas veces que ya casi era como rezar. Tus piernas temblaban. Mirabas a tu alrededor y veías a muchísimas chicas. “Es imposible que me toque”, pensaste. Todas parecían muy capacitadas, te daba miedo, pero no te dabas por vencida. Aquel papel sería tuyo. Tras una larga espera y haberte leído y releído el texto unas cuantas veces, te tocó. Suspiraste y tus pies fueron hacia delante. Dejaste tu bandolera en el suelo y te dirigiste hacia el centro del escenario. Allí te presentaste y dijiste tu frase. Tras acabar te despediste, pero cuando te dirigiste hacia la puerta, se oyó una voz: “¿Nos podrías representar este texto?”. Giraste la cabeza y fuiste hacia donde estaba el juez y cogiste el texto. Lo representaste y, al ver sus caras, te alegraste. Parecían maravillados, encantados… no tenías palabras para describirlo. Con una sonrisa te marchaste hacia casa.



(…)



Al día siguiente, mientras hacías los deberes, te sonó el móvil. Lo cogiste y sonó una voz: “Enhorabuena ______, has sido elegida para representar nuestra obra. Tienes que estar aquí mañana a las 16:00h” En ese momento se te iluminó la vista. “Gracias” respondiste con un hilo de voz. Tras colgar empezaste a saltar por encima de la cama. No te lo podías creer.



Al día siguiente estabas plantada allí como un clavo. Tanto, que estuviste allí desde las 15:00h. Sólo esperando, porque no te habían dado el texto. Parecías tonta, estabas allí sola, pero te daba igual. De repente, llegó una de las chicas del jurado. Se paró en seco mirándote, “¿De la obra?” dijo y asentiste con la cabeza. “Lo sé yo he pasado por eso, pasa” dijo abriendo la puerta. Entraste junto a ella y te llevó hasta el salón de actos. Poco a poco fue llegando la gente, hasta que ya estuvisteis todos. Os subieron encima del escenario. Os asignaron a cada uno vuestro papel. A ti te tocó de Blancanieves y a un chico alto y moreno de pelo, el de príncipe. Os acercasteis el uno al otro y os estrechasteis la mano. “Encantada/o” dijisteis a la vez.



(…)




Tras un día practicando, llegó la hora de irse a casa. Cogiste tu mochila y guardaste el texto. De repente, una mano tocó tu espalda. Te giraste y dijiste: “Álvaro, ¿qué deseas?” Con una amplia sonrisa te dijo: “¿Te parece si quedamos para prepararnos mejor? Como salimos juntos en varias secuencias”. “De acuerdo” dijiste con una sonrisa.

IMAGINA BLAS (2ª PARTE)

Os mirasteis a los ojos, y con eso ya os lo decías todo. Os sonabais uno al otro, pero no llagabas a saberlo del todo. Era todo muy extraño. Nico soltó el nombre de Blas y en ese instante volvisteis al mundo los dos. Tras dar una dulce sonrisa, volviste por dónde viniste. Ese chico te había trasmitido algo especial, “¿sería amor a primera vista?” Pensaste, “Es imposible”, dijiste para ti misma. De repente estornudaste y te empezó a doler la cabeza. “No, si todavía cojo frío, tonta____, que eres tonta” dijiste sonándote los mocos.


(…)


Estabas en casa, tumbatida en la cama con 5 mantas puestas porque tenías frío, 40º grados de temperatura, mocos y un dolor de cabeza impresionante. Estabas escuchando tu radio favorita, los 40 principales y te relajaba bastante, llegando al punto de quedarte dormida en un sueño profundo.


(…)


Te levantaste, te dolía menos la cabeza, ese Ibuprofeno era fantástico, aunque como todos, echabas de menos el Dalsy de cuando eras pequeña. Dirigiste tu vista a la pared y miraste el reloj. Diste un salto al ver que eran las 4 de la tarde. “¡Sara!” gritaste. Tú hermana, el colegio, allí…  Te pusiste lo primero que pillaste y saliste corriendo, con la manta puesta como chaqueta. Todo el mundo te miraba, pero te daba igual. Llegaste hasta el colegio, llamaste a la profesora y te dijo que ya se había ido. “¿Cómo se podía haber ido? ¿A dónde? ¿Con quién?” Esa última pregunta era la que más te preocupaba. “No se preocupe” dijo la profesora mientras tenías la mano en el pecho. “Se ha ido con un joven, eran moreno de pelo, con los ojos azules”. “BLAS”, pensaste. Preguntaste el número en el colegio y te le dieron. Le llamaste y te contestó. Te dio la dirección y, cogiendo un taxi,  llegaste hasta la dirección.


Abrió la puerta y te fuiste a abrazar a Sara, te preocupaste muchísimo. Fuiste dónde Blas y le dijiste: “Muchísimas gracias Blas, no sé que hubiera hecho sin ti” y le diste un abrazo. “La ví en plena lluvia, sentada en las escaleras y le pregunté, me dijo que era tu hermana  y me la traje junto a Nico”. “No sé cómo agradecértelo” dijiste dándole cogiéndole la mano. “Qué tal… ¿quedando para cenar?”. “Claro” dijiste con una dulce sonrisa y, tras esto, comenzasteis una muy buena, apasionada y dulce relación.



-FIN-

domingo, 25 de agosto de 2013

IMAGINA BLAS (1ª PARTE)

Estás en el centro comercial con unas amigas. Todas estaban bien, a excepción de Naty, que era la nota discordante y siempre estaba criticando a la gente. Os fuisteis a por un Llaollao, que era la yogurería que más os gustaban.Esos yogures tan ricos y sabrosos que os encantaba tomar. Os sentasteis en una mesa y dejasteis las bolsas en el suelo. Miraste hacia el frente y viste que estaban haciendo una entrevista a alguien, pero no sabías a quien, pues había muchas cabezas que te lo impedían. De repente viste unos ojos que te miraban. Eran unos ojos azules claros y preciosos.
(…)
Al otro lado.
Dani daba golpecitos a Blas en el hombro para que volviera a la tierra, pero él, apoyando su cabeza en una mano y sonriendo, soltó un: “Me gusta”. En ese instante Dani puso cara extraña y empezó a sacudir a Blas. “Sigue el micrófono abierto”, dijo el entrevistador. Blas se puso rojo y se llevó las manos a la cara, mientras Dani soltó una carcajada y los demás intentaban saber que había pasado.
(…)
Te fuiste a casa con tu mejor amiga, Andrea, hoy se quedaba a dormir. Mientras cenabais pizza os pusisteis a ver la 1. Estaban echando CORAZÓN. Veíais a Bisbal, Bustamante, gente que ni siquiera conocías… De repente salió la presentadora diciendo: “Es el grupo musical del momento y están arrasando con su 2º disco, Anti-Heroes.” Ambas girasteis la cabeza, ¿quién serían aquellos 5 chicos? Salió toda la entrevista. Os percatasteis de que aquel centro comercial eran en el que habíais estado hoy. De repente viste los mismos ojos de allí. Salió aquel “Me gusta” de Blas, aunque te pasó desapercibido, te creías que era el título de la canción.
(…)

Un día, llevando a clases de verano a tu hermana, te sentaste en los bancos para que entrara. Estabas con el móvil y de repente, alguien se chocó contigo. Era un niño pequeño, de apenas 5 años, moreno y con los ojos verdes. Miraste a los lados a ver si había alguien, que se encargara del niño, pero no viste a nadie. Te quedaste con el niño un rato, para ver si venía. Estuviste jugando a las palmitas y le empezaste a poner caras raras.  Un chico vino corriendo a lo lejos y gritando el nombre de Nico. Llegó hasta donde tú estabas y dijo: “Nicolás, te he dicho miles de veces que no te escapes”.  Mirando al niño dijo: “Lo siento mucho, estaba hablando con una señora y se escapó”. “No te preocupes, nos lo hemos pasado muy bien, ¿verdad Nico?” Él niño asintió con la cabeza. El chico y tu os mirasteis a los ojos y con cara extraña te dijo: “Hola, soy Blas” y tu respondiste “Yo soy _____ encantada”.

sábado, 24 de agosto de 2013

IMAGINA DANI

Te levantas, te vistes y te vas a coger el autobús para que te lleve al instituto. Hoy es el último día, aunque vas medio dormida. De repente una mano te toca en la espalda. Es Olivia, tu mejor amiga. “Mira Dani, te está mirando” En ese momento giras la cabeza y le ves hablando junto a sus amigos. Piensas en sus ojos, esos ojos azules que hipnotizan a cualquier chica. “Sí claro, se va a fijar en alguien como yo” dijiste  y bajaste la cabeza. De repente, el autobús se paró en seco y te caíste al suelo. Todo el mundo se reía, excepto Olivia que te extendió la mano te dijo: “Esto te pasa por no agarrarte a la barra”. Llegamos a clase como un día normal. Todo el rato estuviste con Olivia, hablando sobre los planes de verano, pero se tuvo que ir antes de clase porque tenía que ir al médico. Tocó el timbre y te fuiste directamente a la taquilla para coger tus libros e irte a casa. Al abrirlo, cayó una carta. Te agachaste a recogerla y la miraste con cara extraña. Aún mirando la carta, que no tenía remitente, cogiste tus libros y te dirigiste hacia casa. “¿De quién sería aquella carta?” te preguntaste para ti misma. Mirando la carta todo el camino, y sin abrirla, llegaste a tu casa y subiste a la habitación sin decir nada. Dejaste la mochila en el suelo y te tumbaste en la cama a leer la carta.

“No paro de pensar en ti. Esa sonrisa tan dulce, me emboba. Si quieres saber quién soy, ven hoy a la playa a las 10, te esperaré.”
                            Anónimo

Intrigada y pensativa te quedaste mirando al techo. Miraste el reloj y te diste cuenta de que era hora de comer. Luego fuiste a tu habitación y con música relajante, te quedaste dormida.

(…)


Te despertaste de repente y te diste cuenta de que eran las 9. ¿Cómo he podido dormir tanto? Pensaste para ti misma. Te arreglaste corriendo, casi, a la velocidad de la luz. Te deslizaste por la ventana como las películas y te fuiste corriendo a la playa. Viste a lo lejos una figura, pero no te imaginabas quien era. Te fuiste acercando y de repente: “¿Dani?” dijiste. Se giro y te vió, esos ojos azules te hipnotizaban, no sabías que hacer. Se acerco a ti y te dijo: “Siento no haberte dicho nada, pero no podía aguantarlo más, cada vez que te veo, me paralizo. Esa sonrisa me transporta u otro lugar. Te quiero”. Le miraste con cara extrañada. “No digas nada, ponte este pañuelo y verás” dijo entregándote el pañuelo. Te pusiste el pañuelo, te cogió de la mano y te fue guiando. Notabas como tus pies rozaban el mar y seguidamente llegaste a un lugar. Te quitaste la venda y viste un lugar mágico. Un rincón oscuro pero lleno de velas que lo iluminaban. Había una toalla y una cesta de picnic. Te llevó hasta la toalla y te sentaste. Allí sacó dos helados, uno de chocolate y otro de fresa. El de fresa para mí y el de chocolate para él. Te quedaste mirando sus ojos y el los tuyos y soltaste de repente… “Te quiero” Al oír eso, el sonrió. Tenía chocolate en el labio y tú cogiste el pañuelo y se lo limpiaste. Aunque al principio se te quedó mirando con cara extraña, luego accedió y sonrió. Te diste cuenta de la hora que era y te levantaste, de repente, notaste que alguien te agarraba y te alzó cogiéndote en brazos. Se fue corriendo hacia el agua y se adentró “¡Dani suéltame!” dijiste. “Cómo quieras” y te soltó en el agua. Te sumergiste y casi no podías nadar, no sabías. “¡Socorro Dani, me ahogo!”Dijiste dando palmadas en señal de que te ahogabas. Te sumergiste debajo del agua y allí notaste en tus labios una presión. “¿Me está besando?” pensaste. Al ver que vuestras lenguas se entrelazaban, accediste y salisteis del agua empapados, besándoos y enamorados.  

IMAGINA CARLOS.

Te levantas, estas triste. A tu padre lo han destinado a trabajar a la otra punta del país. Te marchas mañana. Miras las sabanas y están llenas de maquillaje por haber estado llorando toda la noche. Pensar que dejas allí toda tu vida, tu familia, tus amigos…  Llegas a un espejo y te ves, triste con la cara sucia porque se te ha corrido el rímel y el pintalabios. No quieres salir a ningún sitio, lo único que puedes hacer es llorar en tu habitación y dejar que pase el tiempo, ya no puedes hacer nada. Tumbada en la cama, coges el móvil y miras los mensajes enviados, porque tenías el móvil en silencio. Deslizando la pantalla ves uno de alguien muy especial, tu mejor amigo. Era Carlos, un vecino que le conocías desde pequeño por tu madre. Vuestras madres iban juntas a clases de cocina mientras vosotros jugabais juntos. De ahí surgió una gran amistad, ibais juntos a clase y todos los días ibais por la noche con las linternas a cazar insectos. En estos últimos meses te estabas dando cuenta que los sentimientos hacia él eran algo más que amistad, pero no querías decírselo, no querías arriesgarte. Quedasteis en su casa del árbol a las 10 de la noche, para despedirse. Las horas se te hacían eternas y tú aún seguías llorando. Ya eran, las 9, te vestiste y te arreglaste para ir allí. Saliste de casa sin que nadie te oyera, no querías preguntas. Te temblaban las piernas y tenías un nudo en la garganta al ver que tu casa estaba vacía, sin muebles, sin nada. Era como si no fuera tu casa, ni nunca lo hubiese sido. Llegaste hasta su casa del árbol, subiste y le viste allí, sentado con una linterna. Te sentaste a su lado y le diste un abrazo. Él accedió. Tras separaros viste en su cara tristeza, desánimo, desilusión... “¿Qué te ocurre?”  le preguntaste. Te miró con pena y dijo: “Qué te quiero”. Te quedaste petrificada, ¿cómo podía ocurrir? ¿sería verdad? Él tras verte parada agachó la cabeza y tú comenzaste a derramar lágrimas tan frágiles como tú y dijiste: “Yo también te quiero, pero lo nuestro es imposible, estaremos a miles de kilómetros uno del otro”. Al oír eso, alzó la cabeza y te agarro de la barbilla, “No importa la distancia, siempre te amaré” y tras decir eso, acercó poco a poco sus labios a los tuyos, en el que ya sentías su aliento. Sonreíste y, tras esto, te dio un beso dulce y apasionado.